Para comprender qué es la muerte y verla con ojos objetivos, es necesario comprender que los seres humanos somos almas utilizando un cuerpo físico para experimentar una determinada realidad en la Tierra, de la cual integraremos lecciones que nos ayudarán a recordar que somos Uno con la Divinidad.
El alma es como el contenedor del Espíritu, y utiliza un cuerpo físico mortal para movilizarse en este plano terrestre y así aprender, recordar y evolucionar.
Comprendiendo esto, podemos ver con claridad que no somos el cuerpo físico, sino que somos Espíritu.
Qué es la muerte desde la espiritualidad
No pertenecemos originalmente a este plano, sino que venimos de la eternidad. Nuestra estadía en la Tierra es sólo temporal, y utilizamos el cuerpo físico como el vehículo adecuado para desenvolvernos en este plano. Una vez finalizada la estadía, dejamos el cuerpo físico en donde pertenece y el alma vuelve también a donde pertenece.
A esta transición de un plano a otro, socialmente se la conoce como muerte.
La muerte es sólo el proceso de transición que realiza el alma de un plano a otro, es decir, deja la Tierra para volver al plano de almas. En esta transición, deja también el cuerpo físico que sólo era útil en este plano. En el plano de almas no lo necesita.
El alma tampoco es mujer o varón, no tiene la edad lineal que tenía en la Tierra ni mantiene los roles que cumplía como padre, madre, hijo, hija, esposo, esposa, etc. En el plano de almas, simplemente Es: Espíritu. Libre de etiquetas, libre de roles, libre de edad lineal. Atemporal y eterno.
Ahora que comprendemos que la muerte es simplemente un tránsito del alma, podemos comenzar a verla no como un enemigo, sino como una aliada en nuestro camino de evolución.
La muerte como amiga
La muerte es vista como una catástrofe, desgracia e incluso castigo para el ser humano, en especial para la sociedad influenciada por la religión judeo-cristiana. Sin embargo, esto está muy lejos de la verdad, pues como ya vimos, la estadía del alma en este plano físico es sólo temporal.
Cuando el alma cumple el plazo establecido de antemano por ella misma para vivir e integrar las lecciones de amor, deja el cuerpo físico, que es únicamente útil aquí, y vuelve al plano de almas.
¿Cómo podría tratarse de una desgracia o castigo semejante transición? Se trata de algo natural y necesario, pues este espacio físico no es el hogar del alma. Ni siquiera el cuerpo físico le pertenece.
El ego —el sistema de creencias de separación, miedo y debilidad que se adquiere al ingresar a este plano— es el que cree que la Tierra es su hogar y que el cuerpo físico, las etiquetas y los roles le pertenecen. Y está en lo cierto, le pertenecen a él, al ego, pero no al alma. El alma está libre de etiquetas y roles, simplemente es Espíritu.
Por lo tanto, una mirada objetiva sobre la muerte sería verla como una amiga que apoya al alma a cerrar su ciclo en este plano para volver a su hogar.
Más allá de cerrar ciclos, la muerte también nos ofrece enseñanzas profundas sobre nuestra naturaleza y la manera en que vivimos aquí.
La muerte como maestra
Es lógico que los seres humanos que quedan en este plano sientan tristeza por la partida de quien fue su padre, madre, hijo, hija, esposo, esposa, etc., pues aún tienen adherido el sistema de creencias del ego. Por lo tanto, los pensamientos y sentimientos de separación y pérdida son normales.
Sin embargo, al tener conocimiento de qué es realmente la muerte y lo que ocurre en ese tránsito, esos pensamientos y sentimientos pueden suavizarse.
También es importante hacer el duelo por la persona que ha hecho el tránsito, expresar las emociones del momento, pero desde la consciencia de que el alma sigue viva y que el dolor, tristeza, etc., son productos de la mente egoica que se cree un cuerpo.
Al ser seres humanos, es necesario vivir esa parte humana y expresar las emociones, pero sin engancharnos a ellas.
La muerte puede ser utilizada como una gran maestra que nos recuerda nuestra verdadera naturaleza atemporal y eterna, y valorar este mundo con su verdadero valor temporal y finito, sin aferrarnos a él más de lo que corresponde.
Y aunque comprendamos la verdad del alma y la muerte, seguimos siendo humanos; por eso es fundamental aprender a transitar el duelo de manera consciente y amorosa.

Qué es el duelo
El duelo es la respuesta emocional que tiene una persona frente a la experiencia de una pérdida.
Qué es el luto
El luto es el proceso de adaptarse a la vida después de la pérdida y se ve influenciado por la sociedad, cultura y religión de la persona.
Cómo Vivir el Duelo Sanamente
Una de las experiencias más condicionadas que vivimos los seres humanos es la experiencia de la muerte del cuerpo físico.
Como seres espirituales, nuestra estadía en el plano terrestre es sólo temporal, es decir, no estamos destinados a permanecer aquí por la eternidad.
Tarde o temprano debemos partir espiritualmente y volver a nuestro verdadero hogar. Para tal efecto, debemos despegarnos del cuerpo físico, cuya única función era apoyarnos a vivenciar las experiencias planificadas por el alma en este plano físico. El cuerpo corresponde al plano terrenal, no pertenece al Espíritu.
La muerte es considerada una desgracia o un castigo por el sistema de creencias del ego que impera en la mayoría de las estructuras sociales y culturales. Nada más lejos de la verdad.
Sin embargo, no podemos negar nuestra condición humana, y el ego forma parte de ella. Por lo tanto, es necesario atender esta parte, y es aquí donde el duelo cumple un papel muy importante.
Consejos sobre cómo vivir el duelo sanamente
Desde el punto de vista espiritual, al experimentar la pérdida de un ser querido, es recomendable recordar que no es el fin de ese ser. No significa que no sorprenda la noticia o no duela la despedida, pero esta verdad nos ayuda a nosotros y también al alma que está haciendo el tránsito. Así evitamos caer en el drama del victimismo fabricado por la mente egoica.
En el momento de la transición, idealmente nos enfocaremos en esa alma que está partiendo y desde el corazón le desearemos que vaya a la luz y vea la luz. También le expresamos que quienes permanecemos estaremos bien, que sólo se ocupe en seguir su evolución en la vida venidera.
¿Por qué esto es recomendable? Porque si sucumbimos a los llantos y quejas sobre lo terrible de la experiencia, el alma puede tener dificultades para soltar el plano físico.
Por esta razón, especialistas como médiums y videntes aconsejan que los primeros tres días después de la partida, los allegados se centren en enviar luz y afirmar que estarán bien y que el alma siga su camino evolutivo en paz.
Carta de duelo
Luego de los tres días, es momento de ocuparse de uno mismo y expresar las emociones desde la consciencia de que la muerte es tan solo un concepto social, cultural y religioso. El alma como Espíritu es inmortal.
Podemos escribir una carta de despedida, donde expresamos gratitud y honra por el camino recorrido juntos e incluso pedir perdón o decir lo que sientas en el corazón, siempre que no sea desde el victimismo.
Es válido escribirla incluso si pasaron semanas, meses o años. El mensaje llega, pues las almas estamos siempre conectadas y el tiempo es sólo una ilusión de este plano terrestre.
Una vez escrita, puede quemarse y esparcir sus cenizas, enterrarlas en una maceta, o simplemente romperla. Lo importante es expresar lo que llevas dentro.
Después de expresar lo que sentimos, es momento de recordar nuestra verdadera esencia y mantener la conexión con el alma de quien ha partido, viviendo nuestra vida con presencia y gratitud.

Recuerda la verdad acerca de tu Ser
Después de experimentar la transición de un ser amado, es normal sentirse triste o desmotivado. Respeta esos sentimientos, pero no te rindas a ellos. Vívelos sin engancharte.
Mantén presente la verdad sobre tu Ser y sobre el alma que se despidió: la inmortalidad.
Lo que se entierra o se crema es el cuerpo físico, el traje que el alma utilizaba aquí. Tu ser amado es Espíritu, y el Espíritu está más vivo que nunca.
No entres en los juegos de la mente egoica, que insiste en convencerte de que eres finito, mortal y débil, que nunca volverás a ver a tu ser amado.
Es sabido que las almas viajan en grupo, por lo tanto, es muy probable que vuelvan a encontrarse en el plano de almas, para volver a encarnar juntas en otro plano, si eso corresponde.
Mientras tanto, sigue tu vida, sigue soñando y viviendo al máximo. No te sientas culpable por seguir vivo. Nadie puede vivir tu vida por ti, entonces, hazlo tú.
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