Tu enemigo es tu maestro. De verdugo a maestro.

Transcripción del episodio #22 del Podcast Empoderamiento Consciente, por Jazmín González. Todos los derechos reservados.

¡Hola! Mi nombre es Jazmín González y te doy la bienvenida a este espacio de Empoderamiento Consciente, en donde juntas reflexionamos sobre la Vida y sus diferentes elementos, desde una perspectiva más profunda, espiritual, consciente y empoderante.

En esta oportunidad compartiré contigo una reflexión sobre la importancia de cambiar nuestra mirada hacia aquellas personas que consideramos verdugos, es decir, que juzgamos que nos hayan lastimado o hecho algún daño, con la intención de empoderarnos, y cómo lograr esta gran hazaña.

Si realmente deseamos ser libres, empoderadas y soberanas de nuestra vida es necesario que asumamos la responsabilidad de la misma al 100%, y esto implica, hacernos responsables tanto de las cosas buenas que experimentamos como de las cosas malas que experimentamos. Esto es lo que yo llamo ‘empoderamiento consciente’, es decir, reconocer y acoger la verdad de que somos seres divinos con la capacidad de co-crear y manifestar nuestra propia vida, y desde ese estado de consciencia, involucrarnos en el ‘juego’ de la vida con amor y con compasión hacia nosotras mismas y hacia las demás personas, porque también reconocemos y acogemos la verdad de que ellas son seres divinos con la capacidad de co-crear y manifestar su propia vida, así como nosotras.

Esta aceptación nos permite disfrutar al máximo de nuestra libertad emocional y mental, ya que soltamos por completo las culpas, los deseos de venganza, los rencores y los resentimientos hacia terceros y hacia nosotras mismas, porque sabemos que detrás de cada acontecimiento, incluso doloroso, hay una lección de amor que trasciende este plano físico, siempre y cuando la sepamos detectar y abrazar.

Esta aceptación, también nos brinda la posibilidad de desapegarnos del pasado y reescribir nuestra historia, si así fuese necesario, ya que, al identificarnos como seres de luz, no nos apegamos a nuestra identidad humana, más bien, reconocemos que la podemos transformar si ya no nos permite avanzar.

Es aquí donde nos encontramos con la oportunidad, yo diría necesidad, de volver a mirar a esas personas que, alguna vez, etiquetamos como ‘verdugos’ ya que juzgamos que nos hicieron algún daño, del tipo que fuere, y que, por nuestro nivel de consciencia de ese momento, solamente pudimos verlas como ‘enemigos’ o ‘perpetradores’, pero que ahora, ya estamos listas para ofrecerles una mirada más transcendental, que nos conecte con nuestro ser de luz.

Había dicho que tanto nosotras como las demás personas, y en realidad todos los seres del universo, somo seres divinos, seres de luz, y esto es así porque todos provenimos de la Fuente o Energía Creadora, de la Divinidad. Por eso, en esencia todos somos inocentes, puros, limpios, dignos de amor y de respeto. Sin embargo, cuando encarnamos en este plano físico también adquirimos al ‘ego’, que es el sistema de pensamientos o de creencias de este plano, que nos hace olvidar nuestra verdadera procedencia y nos hace percibirnos como separados, como puramente materiales y todas las demás creencias con contenido de culpa y de miedo.

Cuando nuestro nivel de consciencia aún es muy bajo, es decir, cuando aún nos identificamos puramente o mayormente con el ‘ego’, actuamos desde ese sistema de creencias, es decir, actuamos desde el miedo, desde la culpa y desde la creencia de que los demás seres son completamente ajenos a nosotras, en otras palabras, creemos que la otra persona es un ser independiente y separado de nosotros. Por eso, es común que actuemos buscando el beneficio propio y muchas veces sin importar el daño que podamos ocasionar a los demás, y esto lo podemos llevar a cualquier área de la vida, al área de la familia, de la pareja, del dinero, del trabajo, de las amistades, de la salud, etc. Incluso cuando decimos que estamos ayudando a alguien, si indagamos más en nuestro interior, muchas veces encontraremos de que nuestra verdadera motivación es obtener un beneficio personal, como podría ser: sufrir menos, ser reconocidas, pasar de buenas, etc.

Esto también sucede con las personas que en alguna etapa de nuestra vida actuaron de alguna forma que, mientras a ellas les otorgaba algún beneficio o satisfacción personal, a nosotras nos provocó daño.

Si solamente nos quedamos con la mirada acusadora de ‘esta persona fue mala porque me hizo esto’, no podríamos extraer ningún aprendizaje que nos apoye a nuestra evolución de la consciencia como seres de luz, y esa lección habrá pasado por nosotras sin haber sido aprovechada.

Recordemos que como almas, también antes de encarnar en este plano, habíamos desarrollado un plan, junto con otras almas, para poder llegar a nuestra meta común que es el despertar de la consciencia, es decir, integrar la verdad de que somos uno con el Todo. Y, en algunos casos o en la mayoría de los casos, por el nivel de consciencia del alma, estos acuerdos incluían escenarios retadores. Esto no significa que debamos pasar por grandes sufrimientos para poder alcanzar nuestra meta como almas, porque a medida que vamos evolucionando conscientemente, eso puede cambiar. Pero, si ya experimentamos una situación que nos causó mucho daño, lo más probable es que formaba parte de ese plan de almas. Por lo tanto, como el pasado ya pasó, lo más saludable y liberador que podemos hacer por nosotras mismas es encontrar la lección escondida en ella.

Esto conlleva, primeramente, darnos el permiso de reescribir ese pasado, dejando de mirar a la persona ‘agresora’ como tal, sino mirarla en su esencia, es decir, como un ser de luz o un alma con quien hicimos un pacto en el otro plano antes de nuestra encarnación. Luego, implica resignificar lo vivido, esto es, mirar lo sucedido con los ojos del alma, y no solamente con los ojos humanos, y encontrar el ‘para qué’ de esa situación experimentada, y, aceptarla e integrarla en nuestra vida, para finalmente, soltar ese evento y a esa persona con amor y seguir con nuestra vida.

Para lograr esto se necesita de una alta dosis de valentía, humildad y compromiso con vivir desde nuestra esencia divina. Ya que si nos quedamos en nuestra condición humana, hacer esto nos parecería una locura y un acto imposible de lograr.

Considero que todas las que escuchan este podcast lo hacen porque sienten el llamado de vivir de una manera diferente a lo convencional y porque desean encontrar respuestas a sus interrogantes existenciales distintas a las ya establecidas, por lo tanto, me atrevería a decir, que ya estás preparada para hacer este acto de transformar a tu verdugo en tu maestro.

Esto no significa que debas sentir sentimientos amorosos humamos hacia esa persona o que la debas liberar de cualquier responsabilidad legal, si así corresponda. Recuerda que en este plano humano cada acto que hacemos tiene consecuencias y efectos, legales o no, y que deben cumplirse. Esta propuesta de la cual hablo, se trata más bien de un acto interno, que, afectará profundamente tu forma de mirar tu vida, a las demás personas y al mundo en general.

Si has experimentado una situación dolorosa, de la índole que fuere, es posible que te hayas encontrado en el papel de víctima, buscando venganza, culpando a la otra persona por su desconsideración, guardando odio, maldiciéndola, etc. Si bien es saludable estar en ese estado por un tiempo para poder liberar todas las emociones reprimidas que como ser humano puedas experimentar, es importante que no te quedes allí por toda la vida, es necesario que, una vez hecho el proceso de liberación energética de las emociones, vuelvas a tu centro y recuerdes que no eres un ser humano solamente, que eso es un papel que como alma habías decidido asumir en esta encarnación, pero que tu verdadera naturaleza es divina, y que, eso es lo que realmente eres. Cuando haces esto, verdaderamente te empoderas, y pones fin a ese estado victimista en donde nada puedes resolver o crear, para convertirte en la reina y creadora de tu vida, donde puedes hacer y deshacer tu historia.

Y el fragmento es el siguiente:

Cuando reconoces a la persona ‘agresora’ como ‘alma amiga’ o como ‘un alma con quien hiciste un pacto o un acuerdo que en ese momento te pareció perfecto para tu evolución’, te liberas del peso de esa situación vivida y le otorgas un nuevo significado. Si antes etiquetabas esa situación como ‘el peor error de mi vida’ o ‘la peor desgracia de mi vida’ o ‘lo que arruinó mi vida’, ahora, tienes la oportunidad de descubrir e integrar la lección que tu alma decidió recibir a través de ese acontecimiento.

El mensaje que contienen las lecciones siempre es que recuerdes que tu verdadera naturaleza es divina, al igual que la de los demás, y que por lo tanto, nada en este mundo es tan importante como para perderte en él. Pero, si bien el mensaje de las lecciones es uno sólo, el mismo viene en diferentes formatos, así por ejemplo, una situación de engaño en tu relación de pareja podría encerrar la lección de que es más importante amarte a ti misma antes de amar a otra persona, ya que, así como tú te ames, te amarán los demás, ya que toda tu vida es un espejo de cuánto te amas, porque tú eres la co-creadora de tu propia vida… ¿Ves? El mensaje no sólo abarca el amor propio, ya que si lo sigues indagando llegas al recordatorio de que tu naturaleza es divina, y por lo tanto, co-creadora, y que si deseas crear amor, primeramente debes amarte a ti misma, porque esa es tu verdadera naturaleza: amor, ya que la Divinidad o la Fuente Creadora es Energía de Amor.

Así pudiste haber atravesado por diferentes tipos de eventos que te llevarán a diferentes formatos de lecciones, pero el mensaje siempre será el mismo. Sin embargo, no basta con ‘saberlo’, es necesario que lo integres a tu alma y se vea reflejado en tu vida, de lo contrario, sólo habrá sido un acto intelectual y no una aceptación real, que es el verdadero propósito de estos pactos álmicos.

Aquí lo que llamabas ‘verdugo’ se transforma en un ‘maestro’ porque fue el portador de la lección que tu alma deseaba integrar.

Como te darás cuenta, no se trata de un acto que realizas por la otra persona sino por ti misma. La primera beneficiada eres tú, y por efecto secundario, la otra persona, porque al descubrir el enorme tesoro que guardaba ese acto que consideraste como ‘ofensa’ o ‘agresión’, transforma por completo tu mirada hacia ese acto y lo que significaba para ti, y, por lo tanto, también se transforma tu mirada hacia esa persona en cuestión. Ahora, ya te sientes ligera y en paz para liberarte de ella y liberarla de ti. Ya no buscas venganza ni que ‘pague’ por el daño que te hizo, sino, simplemente deseas que siga su camino y que también siga evolucionando como tú lo estás haciendo.

Se trata de una tarea muy personal, que exige decisión, humildad y honestidad contigo misma. Esta introspección nadie la podrá hacer por ti, ya que solamente tu alma sabe qué es aquello que debe recordar e integrar. Date el permiso de volver a escribir tu historia, de soltar las viejas historias de dolor y sufrimiento, permítete transformar el significado que le habías dado a esas historias, permítete evolucionar, ser libre y liberar. Mírate tal como eres y mira a la otra persona tal como es. Tú lo puedes hacer.

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¡Gracias por compartir este espacio conmigo y nos encontramos muy pronto! 

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