Conquista el sentimiento de merecimiento para recibir lo bueno de la vida.

Transcripción del episodio #11 del Podcast Empoderamiento Consciente, por Jazmín González. Todos los derechos reservados.

¡Hola! Mi nombre es Jazmín González y en esta oportunidad reflexionaremos sobre la importancia del sentimiento de merecimiento.

¿Qué es el merecimiento? O ¿qué entendemos por merecimiento? El merecimiento es la creencia personal acerca de obtener o recibir algo a cambio de nada, también podríamos definirlo como el sentimiento de ser digna de gozar de ciertos privilegios.

Por lo tanto, podríamos decir que el sentimiento de merecimiento es la capacidad que tienes tu misma de permitirte recibir de los demás y del universo, sin dar nada a cambio.

Esto podría sonar un poco egoísta, ¿verdad?, porque estamos acostumbradas a la famosa frase ‘dar para recibir’, o también la otra frase de ‘dar sin esperar nada a cambio’. Si bien es cierto que cada una de estas frases tienen su momento y su lugar en la vida cotidiana, también el sentimiento de sentirnos dignas de recibir sin dar nada a cambio, también debería tener un lugar para aplicarlo y vivirlo en nuestra vida.

Las estructuras sociales se han encargado por miles de años, y se siguen encargando, de adoctrinarnos de que siempre debemos tener el foco en los demás, en que debemos estar atentas en qué necesitan los demás, en cómo ayudar a los demás, en qué ofrecer a los demás, etc. Incluso desde pequeñas nos enseñaron que debíamos hacer lo que los demás esperaban de nosotras para a cambio de eso recibir ciertas atenciones o ciertas recompensas.

Sin embargo, es muy poco popular decir que primeramente debemos enfocarnos en nosotras mismas para luego poder apoyar a los demás. Y es aquí en donde el sentimiento de merecimiento juega un papel muy importante.

En esta vida, hay momento para todo: hay momento para dar, hay momento para recibir, hay momento para poner límites, hay momento para gozar, etc.

Y así, como hay momentos para dar sin esperar nada a cambio, o para dar cambio de algo, también hay un momento para simplemente permitirnos recibir de los demás y de la vida, sin dar nada, es decir, sentirnos dignas y merecedoras de recibir por el simple hecho de ser nosotras mismas.

De hecho, la naturaleza nos revela que basta con ser uno mismo o una misma para recibir todo lo que necesitamos para tener una vida expansiva y completa. ¿Alguna vez viste a algún árbol negociando con el sol para que éste le ofrezca sus rayos? ¿Alguna vez viste a un pájaro negociando con el aire para poder volar libremente en él? Entonces, ¿por qué no crees que sea suficiente ser tu misma para recibir de la vida y de los demás todo lo que necesitas para manifestar una vida plena?

Como te darás cuenta, no dije que no debas hacer absolutamente nada, sino ser tú misma. Es decir, el problema de la falta de merecimiento surge cuando tú no te crees suficiente de recibir lo que deseas o necesitas para una gozar de una vida plena, y, por lo tanto, crees que deberías de ser una persona diferente o hacer algo especial para poder recibir eso que anhelas, o que deberías dar algo para compensar las atenciones o cuidados que te ofrecen, no crees que tu simple compañía, que tu simple existencia sea suficiente.

Y lo más grave no es esto, sino que esta creencia equivocada de que no eres suficiente, de que no eres merecedora de recibir algo porque aún no te has convertido en la persona que, según tú debes ser para poder recibir aquello que deseas, impide que manifiestes en tu vida todo aquello que tu corazón anhela experimentar, porque crees que aún no es el momento, y esto puede ocurrir de forma consciente y de manera subconsciente.

Con esta creencia errónea acerca de ti misma y de tu valor personal, te autosaboteas y te niegas a ti misma experimentar la vida que sueñas porque crees que aún no es el momento, que aún no estás lista, que aún no estás preparada o que no tienes nada que ofrecer a cambio. Y así, saboteas relaciones de pareja, prosperidad económica, oportunidades de viajes, invitaciones, etc. ¿Cuántas veces rechazaste un regalo costoso por la creencia de que a cambio seguramente deberías de dar algo? ¿Cuántas veces rechazaste iniciar una relación de pareja porque no te sentías digna de tener una pareja como la que te estaba cortejando? ¿Cuántas veces saboteaste ascensos en tu trabajo porque no te sentías merecedora de tanto éxito o lo suficientemente preparada para asumir ese nuevo rol?

El sentimiento de merecimiento es un pilar importante para lograr manifestar la vida que soñamos, porque podemos hacer todas las técnicas de atracción y manifestación que conozcamos, pero si no nos creemos dignas de recibir aquello que deseamos, porque creemos que no somos suficientes en nuestro estado actual, no lo recibiremos, lo sabotearemos, lo rechazaremos, nos cerraremos a cualquier oportunidad que llegue a nuestro camino.

Esto requiere un trabajo profundo de aceptación y de reconocimiento de nuestra dignidad como seres humanos y seres divinos. Esta aceptación y este reconocimiento debe ser genuino y firme para que, a nivel subconsciente, nos permitamos recibir aquello que tanto anhelamos.

El trabajo con la mente subconsciente se puede realizar de diferentes maneras, a través de audios subliminales, reprogramación neurolingüística, afirmaciones, hipnosis, aformaciones, visualizaciones, etc. Lo cierto es que, este trabajo requiere de perseverancia, ya que es una realidad que durante años fuimos adoctrinadas que siempre debíamos dar para recibir o que simplemente debíamos dar sin esperar nada a cambio, y que obrando de esta manera estábamos siendo buenas personas y, en un plano religioso, estábamos agradando a dios.

Sin embargo, si bien hay momentos en lo que estas frases tienen lugar, en la mayoría de las veces, lo único que han hecho con nosotras es borrar de nuestra mente el sentimiento de dignidad y de valía personal por ser simplemente nosotras mismas.

Es momento de recuperar nuestro poder personal desde la toma de consciencia y volver a recordar nuestro valor y dignidad personal, permitiéndonos recibir amor, bondad y atenciones por parte de los demás, sin el miedo de que deberíamos dar algo a cambio de ello. Lo más llamativo de esto es que, cuando nos sentimos bien, cuando nos sentimos amadas y atendidas, cuando estamos felices con nuestra vida, naturalmente sentimos el impulso de también ofrecer a los demás amor, atención y cariño. Pero lo hacemos desde un lugar de paz y de amor, no como una obligación o una sentencia. Allí está la diferencia.

Practica recibir sin dar nada a cambio, y permítete recibir lo bueno de la vida por ser tu misma.

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¡Gracias por compartir este espacio conmigo y nos encontramos muy pronto! 

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