Cómo sanar y superar la comparación y la envidia para recuperar tu autoestima.

Transcripción del episodio #6 del Podcast Empoderamiento Consciente, por Jazmín González. Todos los derechos reservados.

¡Hola! Mi nombre es Jazmín González y en esta oportunidad compartiré contigo una reflexión acerca de Cómo superar la comparación y la envidia, desde una perspectiva espiritual.

Para iniciar y ponernos en contexto, leeré una pequeña parte de mi libro Querido Mundo: ¡Yo Soy una reina! 2, en donde dedico una sección a este tema. Y el fragmento dice así:

‘‘La comparación es común en los seres humanos porque vivimos en una sociedad y tratamos de encajar en ella para sobrevivir, por lo que tendemos a comparar nuestra vida con la de otra persona. Pero, no sólo somos humanos, somos almas. Por eso, no podemos pretender tener la misma vida que otra persona porque todos tenemos diferentes lecciones que aprender en esta vida, y esto implica pasar por diferentes desafíos y dificultades.”

Aquí finaliza el fragmento.

Como bien explico, la comparación es un comportamiento ‘natural’ del ser humano, hasta podríamos decir que instintivo, ya que, desde nuestros orígenes, al vivir en una sociedad, el ser humano basaba su supervivencia en la capacidad de integrarse en la misma, hasta el punto de llegar a la homogeneidad. En otras palabras, ser diferentes, podría haber representado un peligro, por eso, la comparación podría haberse utilizado como una herramienta de medición de esta uniformidad necesaria.

Claro, estamos hablando de épocas muy remotas en donde el ser humano vivía en tribus y debían integrarse totalmente a ellas a modo de encontrar seguridad, hoy en día, algunos rasgos instintivos ya no son tan primordiales, al menos no en tal grado. Y esto sucede con la comparación.

Aquí es donde juega un papel muy importante la espiritualidad, ya que recordando que no solamente somos un cuerpo físico, sino que nuestra verdadera esencia es el Alma, resulta un poco más fácil dirigir nuestra mirada hacia nosotras mismas y hacia nuestro camino de vida personal.

Si bien es cierto que aún vivimos en sociedades y que es indispensable para nuestra supervivencia como humanos, los avances, tanto culturales, científicos, sociales como en la consciencia misma que hemos experimentado a lo largo de los años, nos han permitido tener cierta libertad, independencia e individualidad en diferentes aspectos de nuestra vida personal.

Las comparaciones son casi inevitables porque siempre notaremos diferencias entre cada ser humano y en su modo de responder y experimentar la vida misma, de hecho, lo hacemos casi de manera automática e irracional. Sin embargo, esto en sí mismo no resulta dañino, lo que sí resulta perjudicial es calificarnos en función a esas valoraciones, resultando una especie de competición.

Existen dos tipos de comparaciones conocidas como: al alza y a la baja. Cuando una persona se compara con alguien a quien considera superior (en algún aspecto) esto sería una comparación al alza, mientras que, si lo hace con alguien que considera inferior, sería una comparación a la baja.

Los estudios muestran que las comparaciones al alza causan malestar y frustración, incentivando el sentimiento de la envidia y dañando profundamente la autoestima y el autoconcepto de la persona, mientras que, a la baja, las comparaciones tienden a causar bienestar y satisfacción.

Por ejemplo, alguien con un trabajo y un sueldo promedio podría sentirse insatisfecho cuando compara lo que gana con el sueldo de sus superiores, pero se sentiría mejor si se comparara con personas desempleadas y sin ingresos.

Sea cual fuere el resultado final, ambos tipos de comparaciones son nefastas, porque si no nos estamos colocando en un lugar inferior en relación a la otra persona, nos estamos colocando en un lugar de superioridad. En otras palabras, si no nos estamos echando por los suelos a nosotras mismas, estamos echando por los suelos a la otra persona.

La comparación podría ser saludable si sólo la usáramos como una manera de reconocer y explorar la gran variedad que existe en el mundo, en todos los aspectos, tanto en lo material, en la forma de pensar, de sentir, de actuar y de vivir en general.

Pero, se vuelve tóxico, cuando la utilizamos con fines competitivos. Es en este tipo de comparación, en donde nos devaluamos a nosotras mismas o devaluamos a la otra persona, ya que nuestro bienestar depende de los demás, fortaleciendo aspectos densos como la envidia, los celos, el rencor, en fin, provocando un gran desgaste emocional.

Esto sucede cuando estamos muy sumergidas en el personaje de ‘humanos’. ¿A qué me refiero con esto? Me refiero a que todo este drama de comparación, de competición acerca de quién es mejor, quién es peor, etc., es característica de lo que en la espiritualidad conocemos como ‘ego’ o ‘mente egoica’, que es esa parte de nosotras que se cree simplemente humana, limitada, finita, pequeña y siempre dispuesta a luchar, a atacar y a defenderse porque cree estar en peligro constante.

Cuando vivimos desde ese estado, y no en una conexión consciente con nuestra verdadera esencia que es la divinidad misma, fácilmente caemos en ese aspecto del ego, y, en consecuencia, comparamos nuestra vida con la de los demás.

Es aquí en donde debemos conscientemente recordar que nuestro verdadero ser es el alma. El alma es el que conduce el cuerpo. El cuerpo físico, humano en este caso, es un vehículo para movilizarnos en esta experiencia terrestre.

Cada alma tiene un plan diferente de otras, es decir, ningún plan álmico se parece uno de otro, por lo tanto, pretender o desear que tu vida se parezca a la de otra persona, sería muy irreal y, como resultado, frustrante.

Tu alma ha venido a esta experiencia llamada Vida, para desarrollar ciertas vivencias muy específicas y enriquecedoras para su evolución.

Quedarte en el deseo de querer tener la vida de otra persona, o cuestionarte por qué a esta persona le pasa ciertas situaciones que a ti no, sería tan ilógico como preguntarte por qué en un restaurante no venden gasolina. Es decir, tal vez, tu alma vino para experimentar situaciones totalmente diferentes al alma de la otra persona con la cual te comparas.

Cuando comprendes esto, aceptas tu vida y la abrazas, no como un acto de resignación sino como un acto de devoción hacia tu propia experiencia personal de vida, ya que las lecciones que ella encierra son muy profundas y perfectas para tu evolución de la consciencia.

Por eso, la mejor manera de superar la comparación y la envidia es a través del autoconocimiento. Conocerte a profundidad a ti misma, te ayudará a enfocarte en aquello que realmente es importante para ti y lo quieres experimentar. Muchas veces las comparaciones y las envidias, provienen de un profundo desconocimiento personal, y crees que, si tienes o vives la vida de otra persona, finalmente serás feliz.

Invierte tiempo y hasta dinero en tu autoconocimiento, identifica qué es lo que tu alma desea experimentar a través de las situaciones que vives a diario, descifra tus incomodidades e insatisfacciones, allí seguro encontrarás la respuesta.

Recuerda que, hasta que tu alma no viva las experiencias para las cuales ha encarnado en tu cuerpo físico en este espacio físico, muy probablemente seguirás sintiendo insatisfacción y falta de sentido en tu vida.

Pero, si ya estás en un punto, en donde la comparación y la envidia simplemente ya forman parte de tu hábito diario y es el responsable de tu tristeza, frustración y desgaste emocional, podrías re-enfocarte en ti poniendo en práctica el siguiente ejercicio que quiero regalarte:

En una hoja de papel, escribe qué es eso que te impulsa a compararte y a sentir envidia. Por ejemplo, podría ser la posición económica, las relaciones de pareja, el aspecto físico, etc. Una vez hecho esto, escribe tres maneras de que tú puedes cambiar esa historia. Es decir, si, por ejemplo, no estás conforme con tu cuerpo físico, escribe tres cosas que puedes hacer desde hoy para acercarte a eso que deseas para ti. Podría ser, por ejemplo, salir a caminar, tomar más agua, comer menos harina.

Este simple ejercicio, te ayudará a ordenar tus ideas y reconocer qué es eso que tú quieres para ti y que lo ves reflejado en la otra persona, que es producto de tu comparación y envidia.

Muchas veces, la comparación y la envidia, son señales, mal enfocadas, de lo que quieres para ti, pero que, por varias razones, no te animas o no te sientes merecedora de hacerlo realidad. Aquí también entran en juego las creencias limitantes acerca de aquello que detona la comparación y la envidia, y lo recomendable sería una limpieza y transformación de esas creencias.

Para terminar, si estás en este proceso de sanarte la comparación y la envidia, también sería útil evitar aquellos detonadores, por ejemplo, podrías dejar de seguir en las redes sociales a personas que activan estos comportamientos en ti, o asistir con menor frecuencia a esos lugares en donde encuentres estos detonadores, al menos hasta que estés muy enfocada en ti misma y en desarrollar tu vida.

Recuerda: tu camino álmico es único y especial, enfócate en descubrir las riquezas que esta encierra, pues nadie más lo podrá hacer por ti.

Si esta reflexión y este ejercicio te ha sido de utilidad, te invito a que compartas en tus redes sociales, con tus amigos, familiares y conocidos, para que así juntos tomemos consciencia de nuestro camino de vida personal y nos enfoquemos en él, sembrando así más semillas de paz y armonía en el mundo.

En mi libro Querido Mundo: ¡Yo Soy una reina! 2, podrás encontrar más ejercicios para sanar la comparación tóxica. Lo puedes adquirir en Amazon, Apple books y otras librerías en línea, también en su versión audiolibro. Toda la información la encuentras en mi sitio web: jazmingonzalez.com/libros, o jazmingonzalez.com/audiolibros.

¡Gracias por compartir este espacio conmigo y nos vemos muy pronto! 

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